Alegoría
Niusléter #317
Alas, poor Yorick!
1
Nuestra experiencia del mundo es cada vez más fragmentada. Es como si viviéramos en un mundo que se cae a pedazos, entre las ruinas. Un mundo sin futuro. Así, nos obsesionamos por lo efímero (la moda, los objetos de consumo, la experiencia de comer en un restaurante con estrellas Michelin, el sexo de una noche), el instante cobra más valor que la vida entera. De hecho, pasamos muchas horas preparándonos para el instante, en el gimnasio, en la tienda de ropa, con el maquillaje, lavando el coche, lo que haga falta. Baudelaire, el primer gran poeta de la ciudad moderna, escribe alegorías. En ellas, la vida aparece fragmentada, el tiempo lo corroe todo, la muerte está presente. Esto se lo saco a Walter Benjamin y sus lecturas de Baudelaire.
La alegoría construye un sistema de significados paralelos al objeto o la idea literal. La alegoría principal de nuestro tiempo, y ya desde el siglo XIX es la de un mundo en ruinas. Todo apunta a ese sistema de significados. Nos compramos el coche caro porque no podemos comprarnos el departamento de dos ambientes. La inmigración está destruyendo el tejido social. El objeto de consumo es alegórico en el sentido en que genera un sistema de significados en torno a la persona que lo lleva o lo usa. El cambio es la única constante y no conduce a otro lado que a la muerte.
2
Jane Birkin, actriz y cantante británica/francesa (esa elegante contradicción), fue un símbolo sexual en los años 60 y 70. Un día le tocó ir sentada al lado del dueño de la empresa de moda Hermès y le comentó que necesitaba un bolso amplio y eficaz para su vida ajetreada. El de Hermès se puso a la tarea y lo diseñó, y le mandó el prototipo a Birkin que lo usó durante años. Cada varios años, la empresa le mandaba uno nuevo. ¿Cuánto cuesta ese bolso? ¿Cuatro, cinco, seis mil dólares? No importa, porque es la alegoría de la mujer moderna, europea, elegante, liberada y sexual en medio de la ruina de todo.
Es alegórico que las mujeres anden por la calle con botas militares o de trabajo, cuando no están en el ejército ni trabajan en la industria pesada o la construcción. Si el mundo se está cayendo a pedazos (la experiencia fragmentada), hay que llevar el calzado que sirva para sobrevivir, aunque sea de charol.
En Youtube he visto cortos de un tipo que sale de un hotel caro, o un edificio caro, y se sube a un auto carísimo. Lleva zapatos sin calcetines, sin trasera con lo que son fácilmente de quita y pon, se sube al coche y se los quita. Esos zapatos son más importantes que el hotel o el auto. Están contando un estilo de vida que está por encima de la ruina, del peligro, de la muerte. Es ése el confort al que la ostentación de la riqueza alude.
3
Hemos pasado de ser ciudadanos a ser consumidores, y ahora estamos en el tránsito de consumidores a usuarios. El Imperio, fragmentado y en ruinas, débil, deja paso a señores feudales, en este caso ya no los terratenientes o los banqueros, sino los fundadores y dueños de empresas tecnológicas. Lo que ahora están llamando “tecnofeudalismo”. Nosotros estamos en vías de ser sus siervos, con el nuevo nombre de usuarios. Pronto, será tan difícil escapar o cambiar de plataforma tecnológica como lo era para un siervo medieval irse del territorio de su señor.
El Imperio se sirve de estos señores feudales para vigilar y controlar a la población, y a la vez carece de la fuerza política suficiente como para ponerles freno. Frente al capital, ya no compramos cosas de las cuales pasamos a ser los dueños, sino que somos usuarios de un servicio, aunque el servicio sea un objeto—un auto, una computadora, una cosechadora. Pasamos a pagar un impuesto por usar las cosas que hemos “comprado”, aunque lo llamen suscripción. Lo mismo pasa con el Estado, que cobra impuestos y nos trata como meros usuarios, no como ciudadanos. La administración de los usuarios es mucho más pesada, estamos viendo, que la de los ciudadanos o los consumidores; así crecen las burocracias públicas y privadas. Esta transición parece imparable, como también lo parece el tránsito de una ciudad del esplendor a la ruina.
4
La Biblioteca Popular Ambulante detectó esta tendencia hace 15 años, cuando se negó a hacer libros reproducibles mecánica o digitalmente para hacerlos a mano, cada uno único, como manuscritos medievales. Algunos de esos libros son instantáneos, se hacen en una hora; otros llevan años. Pero todos parten precisamente de las ruinas del consumo en lo que la gente descarta.
Últimamente, los libros son de fotografías. Fotos tiradas a la basura, muchas de ellas rotas a propósito, como si la gente estuviera descartando sus vidas, su pasado, sus recuerdos. Es muy común encontrar fotos de una pareja de vacaciones. Lo que imagino es que la pareja se rompió y uno de los dos decidió deshacerse de esos recuerdos. Parece la señal de un nuevo principio, pero los nuevos principios son ficticios: uno no vuelve a nacer, uno ya tiene los años que ha vivido y no los puede volver a vivir, le quedan menos años de vida. Esta negación de la experiencia parece una negación de lo vivido, que a la postre es una negación de la muerte. Al mismo tiempo, es una fragmentación de la vida: esta época, ésta, ésta y esta otra.
5
Borges, en su “Prólogo a la edición de 1954” de la Historia universal de la infamia dice lo siguiente: “Yo diría que barroco es aquel estilo que deliberadamente agota (o quiere agotar) sus posibilidades y que linda con su propia caricatura.” El barroco es precisamente la expresión de la consciencia de un mundo inestable, cambiante, que va a peor, de camino a su defunción. ¿Y no es ésa la sensación que tenemos del mundo actual? ¿No estamos atravesando un período barroco?
Siemrpe me parecieron barrocos los deportes de riesgo. En ellos, el individuo busca agotar sus propias posibilidades. Pero lo mismo pasa con la juventud extendida hasta los treinta y pico, hasta los cuarenta y pico. No hay nada más barroco que una persona de 50 o más años que sale todos los fines de semana. ¿Vitalidad? ¿Miedo a la muerte? No lo sé, no suelo hablar con esas personas, o no tengo la suficiente confianza como para preguntarles. Ya juzgarlas barrocas me parece amonestación suficiente.
6
El discurso apocalíptico en la literatura y en las artes también es alegórico y barroco. Digo esto para restarle originalidad, o negársela. Es lo que está en el aire, y las artes sólo lo reflejan, pero rara vez aportando una nueva perspectiva. El discurso apocalíptico no es de izquierdas o de derechas, ambos extremos políticos lo expresan de una manera u otra, enfatizando cada uno el tipo de ruina que más le atrae estéticamente. Puede ser ecológico, o puede preocuparse por el orden social establecido, o a lo mejor teme más el poder de las grandes empresas tecnológicas. Me refiero aquí al miedo más como una posición estética que moral. O estética disfrazada de moral, que es lo que las artes vienen presentando desde hace décadas.
El sistema del arte se está cayendo a pedazos. Si depende del Estado, se ajustará a la prédica estético-moral preferida por los políticos que ocupen el poder. Si del sector privado, lo mismo, pero del sector privado. Depende de qué tan entongado esté ese sector con el Estado. Los artistas se mueven entre esos dos polos con los mismos riesgos que en el siglo XIV sentían güelfos y gibelinos. Dante, como güelfo, fue condenado a muerte y no pudo volver más a Florencia. Escribió la Divina comedia en el exilio, gracias a que había espacio para él en ese exilio. ¿Qué artista que intente expresar ideas propias, o contrarias al statu quo, no ha de vivir hoy en el exilio, sea exterior o interior?
7
El collage fue el gran medio artístico del siglo XX, y lo sigue siendo hoy, ya que toma fragmentos que claramente son pedazos de otras cosas para construir algo que parece unitario, o sea alegórico. El collage es el método alegórico y barroco del siglo XX que perdura en el XXI porque la sensación social, económica y política de ruina, de fragmentación, ha aumentado y sigue en aumento.
En la BiPA, que parte del collage como método, la idea es que la unidad venga de fuera Esto es lo que el formato libro aporta. Dentro del libro, la ruina y la fragmentación persisten. La unidad significativa queda como algo exterior y artificial. Pero no se trata de un solo libro, sino de muchos, de una biblioteca, con lo cual la idea de la unidad vuelve a ser impuesta desde fuera, artificialmente, con la organización burocrática de los distintos elementos, cada uno irrepetible. En la BiPA hay libros nuevos, pero no hay novedades.
La idea de la novedad se impone en el arte desde afuera, desde la industria y la tecnología. No por nada son esos sectores los que siempre hablan de innovación. ¿Quién habla de innovación hoy en el arte? Al contrario, tenemos la sensación de que está todo hecho, todo visto, de que la originalidad no existe. A ningún sistema burocrático le interesa en realidad la innovación. Ni siquiera al de las grandes empresas tecnológicas.
NOTICIAS
Los poemas están en Paseante Extranjero. Esta semana hay uno nuevo, “Reiteración”. Echar un vistazo puede que no sea mala idea. Si se suscriben, que es gratis, les llegarán a su casilla de correo siempre que cuelgue un poema nuevo.
Si quieren echar una mano a la Niusléter, a Paseante Extranjero, a BAIPEX y todas las demás actividades literarias de la Biblioteca Popular Ambulante, siempre pueden comprar un ejemplar de la REVISTA, o suscribirse a la BiPA por Mercado Libre. Todo ayuda.
Mañana arranca el otoño. ¿LLoverá? Creo que esta niusléter encaja bien con el cambio de temporada. Gracias por leer hasta aquí.


Jane Birkin aqui: https://www.youtube.com/watch?v=WUi7oD_P3Wk