Azar objetivo
Niusléter #328
1
El otro día me di cuenta de que El libro del fútbol encontrado en la calle ya está terminado, y que si quiero seguir con esa idea, más valdría empezar uno nuevo. Habían caído en mis manos unas pegatinas con escudos de clubes de fútbol argentinos, pero en el libro ya no había lugar para ellas. Es extraño como de repente se da cuenta uno de que un libro de la Biblioteca Popular Ambulante está terminado. No hay ninguna regla que le ponga fin, excepto que uno ve un día que no hay que añadir más páginas ni más objetos. Es casi instintivo, como terminar un poema. O, como decía Octavio Paz, abandonarlo.
Habrá, a final de año, varios libros de la BiPA dedicados al fútbol. El fútbol es una de las esacasas formas sociales que me permiten conectar con la cultura popular. Tampoco es que esté ya tan conectado con la supuesta alta cultura, pero sí que me cuesta menos, o me cansa menos, acercarme a ella. Auden, ya hace unos 70 años decía que la gastronomía es la única de las artes que la gente todavía entiende. A eso se podría añadir la moda y el deporte. Aunque el deporte no sea arte, tampoco hay que negar que sea cultura, por mucho que haya que soportar la estupidez del resultadismo y la bobería del comercio que lo circundan. El fútbol, en cualquier caso, es mejor que el teatro y hasta que el cine, en cuanto a drama y emoción. Sobre todo si el final es feliz para el equipo que uno sigue.
2
El mundial significa que es un año de fútbol de alto nivel, y la BiPA estará a la altura. Ya tengo el álbum de figuritas (cromos, tarjetitas), y lo que pienso hacer con él es ponerle una camisa con un titulo literal y el logo de la BiPA, una apropiación. Como las figuritas son pegatinas, hay que quitarles la trasera para pegarlas en el álbum. Con esas traseras estoy haciendo el reverso del álbum del mundial, otro libro.
Después, resulta que hay toda una serie de figuritas que no entran en el álbum y han sido denominadas “extras”. De esas sólo me ha tocado una, la de Messi, y por supuesto, haré un librito que la aloje, como una especie de mini altar al mejor jugador de todos los tiempos. (Si les parece polémico esto del “mejor jugador”, pueden expresar su opinión en los comentarios.) También haré El libro del mundial encontrado en la calle con toda clase de papeles y publicidades que aprovechan en gran evento para vender algo. Tiene que ver con lo que decía antes de la bobería del comercio. ¿De verdad creen que van a vender más cerveza porque unos retratos de jugadores de la selección aparecen impresos en la lata?
También está el ya mencionado libro del fútbol, que quiero reemprender, y otro que ya está empezado: El libro de las figuritas encontradas en la calle, que contiene figuritas de muchas colecciones distintas, y donde pondré algunas de las repes.
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Habrá sido por 2018 que dejé de seguir el fútbol—por cansancio y aburrimiento, y porque me di cuenta de que el comercio del fútbol se había vuelto más importante que el deporte en sí. De hecho, los equipos que más ganan son aquellos que reciben dinero de multimillonarios extranjeros que no saben dónde poner lo que les sobra. Eso hace que algunos equipos grandes se disputen todos los torneos, mientras que a los pequeños les quedan sólo unas migajas. Y eso le saca chispa al fútbol en general, y lo hace menos bonito.
Presté algo de atención al mundial pasado, pero no mucha. Sí que me alegré de que Argentina lo ganara. Es el país donde vivo, al fin y al cabo. Este año, he prestado más atención, incluso he visto algunos partidos, algo para lo que pensaba que había perdido la paciencia, como la perdí hace muchos años para la música, y recientemente para la comida, ahora que los médicos se han adueñado de las decisiones en torno a mi dieta.
Creo que uno acude a las manifestaciones culturales que necesita, y/o que entiende. Si uno necesita leer y sabe hacerlo (leer un libro no es lo mismo que saber cómo se reúnen las letras para formar palabras), entonces lee. Si uno necesita la música en su vida, compra discos (o lo que sea que vendan ahora), va a conciertos, anda por la calle con auriculares que serían ridículos si no fuera porque se han naturalizado en los últimos años. (¿Recuerdan cuando era extraño ver a alguien hablando solo por la calle, y uno pensaba que esa persona estaba loca hasta que se daba cuenta de que llevaba auriculares y estaba hablando por teléfono?) (Ahora ya ni nos fijamos, excepto en el transporte público cuando la mentada persona habla demasiado alto y, sin quererlo, nos enteramos de todas sus ansiedades y dudas o certezas.)
4
Esto de la necesidad está en el centro de uno de los conceptos centrales del arte del siglo XX que sigue activo hasta hoy, el azar objetivo, tal y como lo definió André Breton, líder de los surrealistas, en su novela rara Nadja. Uno encuentra un objeto por la calle, o en una tienda de objetos usados, o donde sea, y piensa que es por azar, por mera casualidad. Pero no. Uno se encuentra con un objeto que, de alguna manera, o inconscientemente, necesitaba o quería. Ese cruce de la necesidad subjetiva con la realidad objetiva es lo que da al azar objetivo su nombre.
Así, uno va por la calle y aprende a mirar a las cosas o a la gente o a lo que haya, y sus necesidades internas lo llevan a lo que quiere y requiere. Es imposible ser cualquier tipo de artista que dependa de la calle para su trabajo sin depender del azar objetivo. Es imposible, por ejemplo, ser un fotógrafo urbano, algo que se ha puesto de moda, por lo que veo en internet, en los últimos años. La fotografía fuera del estudio no existiría si no fuera por este concepto. Tampoco la BiPA, que tanto depende de lo encontrado por la calle, sean papeles, objetos o ideas.
5
Con esa dependencia del azar objetivo, el objetivo de la BiPA, con el tiempo, se redujo a una cosa: hacer un retrato, aún parcial, del inconsciente de la ciudad. Uno va al médico y éste le dice que los riñones no le funcionan del todo bien. Uno no termina de sentirse mal, pero sigue el consejo del médico y adpta su dieta a lo que le dicen. Los órganos, en este sentido, forman parte del propio incosciente. Igual la basura. La gente tira cualquier cosa, no importa qué, el poeta que se dedica a recoger esas cosas las va acumulando en libros, por categorías que las propias cosas establecen, y esa acumulación organizada va generando, con el tiempo, ese retrato del que hablo. Un retrato de lo que no se sabe ni se entiende que está ahí.
He oído historias de lo chocante que fue para la clase media porteña la aparición de los cartoneros en las calles de Buenos Aires durante la crisis de 2001. Es como si la crisis hubiera obligado a esa parte de la sociedad a encontrarse con aspectos de su propio inconsciente social, económico y citadino, muy para su sorpresa. (Los cartoneros son gente que busca en la basura y saca todo lo reciclable para venderlo—la verdad es que este sistema funciona mejor que el fraudulento establecido en muchas ciudades que obliga a la gente a separar su basura por categorías (papel, metal, lo orgánico, etc.), para que luego no se haga nada con ello. El circuito comercial que se inicia en el cartonero obliga a los distintos agentes involucrados a comprar y vender los materiales, y eso conduce mejor al reciclaje, ya que se están jugando el pan.) (Mi lema favorito, que debería aparecer en las camisetas de la BiPA, cuando las haya, es: ¡Nos están robando la basura! Lo dijo Macri cuando era gobernador de la ciudad de Buenos Aires, refiriéndose a los cartoneros, como si su gobierno y sus empresas hubieran hecho algo para aprovechar todo lo que se tira.) (Es éste otro ejemplo de un exabruto provocado por la repentina consciencia de alguna parte del inconsciente de la ciudad.)
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No es que yo haya decidido a priori hacer un libro sobre el fútbol, o esos libros del mundial, es que esos materiales llegaron a mí, simplemente por estar atento, o abierto a ellos, y después vino la decisión de agruparlos en un libro. Así han funcionado siempre todos los libros de la BiPA. Primero el objeto, después el libro. No hay creatividad consciente que valga. De hecho, la creatividad (tan cacareada en las últimas décadas) estorba. Mi interferencia imaginativa bloquea mi acceso al inconsciente de la ciudad, o por decirlo con palabras de más prestigio, al azar objetivo.
Mucha gente, cuando le cuento de la BiPA, ofrece ideas surgidas de su imaginación, y así deja claro que no ha entendido nada. O que yo no me he sabido explicar correctamente. La imaginación estorba porque la imaginación proviene de un Yo que ha de imponerse sobre las cosas, en lugar de dejarlas estar y ser a su manera. Al dejarlas, aunque uno las recoja y las guarde, las cosas manifiestan su cachito de realidad. Y eso les da esa magia que a veces parece surgir de los libros de la BiPA. Las gente los hojea fascinada, los comenta, y yo creo que es porque abren un acceso a ese inconsciente del que, como su nombre indica, no somos del todo conscientes—hasta que lo tenemos delante.
7
Ahora bien, todo esto que digo aquí lo he llegado a saber con los años, dándole vueltas a lo que estaba haciendo. No es que tuviera una idea previa de lo que debía ser la BiPA. En un principio, sólo sabía que había que hacer libros, ya que los libros, con su prestigio, servían para entrar en el inconsciente de la ciudad. Pero esa era una mera intuición, ya que al principio ni siquiera estaba pensando en ese inconsciente—ni en ningún otro, en realidad. Todas las ideas sobre la BiPA que pueda expresar en esta Niusléter y en otros lugares son posteriores a la BiPA.
De ahí mi bronca con los burócratas que le obligan a uno a idear, conceptualizar y explicar una obra antes de hacerla—si no, no hay dinero. Nadie, en toda la historia de la humanidad, formuló un método mejor para matar el arte y convertirlo en un mero apéndice del poder. Ni siquiera cuando el arte dependía de la Iglesia, de la aristocracia, y luego de los magnates burgueses. También es una forma de bloquear los accesos al inconsciente, que da mucho miedo.
Siempre he pensado que el arte, o cualquier cosa que consideremos cultura, como el fútbol, debe tener varios niveles para que toda la gente pueda acceder a ellos de alguna manera. Así puede surgir un arte y una cultura verdaderamente populares, abiertas a toda la población. Inclusivas, por utilizar una palabra de moda, hoy tan maltratada.
NOTICIAS
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