Literal
Niusléter #314
1
Hay quien dice que la sensación de que hemos llegado tarde a todo es universal, por lo menos en Occidente. Yo opino lo contrario. Hemos llegado demasiado pronto. Siempre tuve esa sensación, esa especie de ansia por ver lo que el futuro depararía, y a la vez una forma de saber estar en el presente sin agitarse mucho, sin asustarse. No siento nostalgia por épocas en las que no viví. Si la siento es por lugares, comidas, personas, conversaciones a las que es muy posible que no haya manera de volver, pero que en su momento, en su presenté conocí y disfruté.
Pensar que en el arte está todo hecho es una forma de la ansiedad que no comparto. Uno, en arte, hace siempre lo que puede, más no es posible. Picasso es cubista porque puede. Porque hay dos o tres, o diez o veinte personas que están dispuestas a mirar esos cuadros y a darles el espacio mental necesario para disfrutarlos, incluso para entenderlos. Pero nadie más está por esa labor, es posible que estén más bien en contra, que su actitud sea una de clausura, no de apertura. Pienso que Picasso recurre al cubismo porque todo lo demás, todo lo que se podía hacer, ya estaba hecho. Luego encontró otra vía que fue la continuación de la obra de un maestro casi olvidado, Cézanne. Lo que parecía una ruptura fue en realidad una de las posibles formas de la continuidad. Y esto se sabía en el momento. Gertrude Stein lo sabía, lo sabían unos pocos galeristas, y lo sabía Picasso.
Creo que cuando uno piensa que ya está todo hecho, una buena idea es ver qué queda por continuar o por completar, que consecuencias se pueden derivar de lo ya hecho. Con suerte, se abrirán vías nuevas. Sin suerte, bueno, uno será de los que piensan que ha llegado tarde.
2
En poesía me pasa que lo que leo y oigo ahora parece una continuación de la poesía de la experiencia de los 80. Mi pregunta es: ¿Cómo puedo hacer que un poema sobre tal o cual experiencia sea más abstracto? O quizá no más abstracto, sino más parecido a la vida, con sus incesantes estímulos y desvíos, más parecido a la ciudad con todos los carteles y avisos que la cubren. El poema como un registro del movimiento a través de la ciudad, de los pensamientos que pasan por la mente con cada nuevo estímulo.
El poema puede ser abstracto o concreto. A veces creo que debería de ser lo más literal posible. Creo que una de las vías de lo ya hecho que hay que continuar para extraer algo nuevo tiene que ver con la literalidad. Siempre he pensado que este impulso viene de la fotografía callejera. Lo literal en ella apunta a lo poético, que puede ser más abstracto o concreto, siendo lo concreto lo más próximo a la literalidad literal, y lo abstracto lo más próximo a lo poético visto desde cierto lugar, casi evitando las metáforas y otros elementos retóricos.
3
El letrero que pone CARNICERÍA debe ser literal. Si voy a la carnicería y resulta que sólo venden productos veganos, algo anda mal. Lo mismo al revés, si voy a la tienda de productos veganos y resulta que venden vacío y entraña y tira de asado de verdad, voy a salir de ahí decepcionado con la mentira.
Tengo tres proyectos en marcha en los que hace mucho que vengo trabajando. Uno consistía en copiar lemas publicitarios que se encuentran en los comercios de la ciudad y en las vallas publicitarias, poniéndolos todos uno tras otro como si uno los fuera leyendo a través de la ventana del colectivo. El poema es un bloque de cientos de estos anuncios como si fuera un viaje en colectivo muy acelerado. Otro proyecto consiste en copiar los nombres de cuatro tipos de comercio y ponerlos, bajo cada tipo, en orden alfabético. Los cuatro comercios son las panaderías/confiterías, las fábricas de pasta, las heladerías y las farmacias, que hay en todos los barrios. Este poema va acompañado de un prefacio en el que menciono todos los otros tipos de comercio y explico por qué no los elegí, más allá de la arbitrariedad de elegir esos cuatro. Por ejemplo, hay muchas ferreterías que no tienen nombre, su cartel sólo pone FERRETERÍA, así que no me valían para mi poema. El poema, entonces, se compone de dos partes, el prefacio, que es negativo, y las listas, que son positivas. El tercer proyecto es ir copiando cosas que la gente dice por la calle, en el transporte, en la mesa de al lado en el café, en la sala de espera, en cualquier parte.
Creo que los tres proyectos, partiendo de lo literal, ofrecen cada uno un retrato distinto de la ciudad, ya que la vida en la ciudad ha sido mi tema principal a lo largo del tiempo. Y esto no tiene nada de nuevo. Podría decir que llego tarde, pero lo que quiero ver es por dónde puedo encontrar otras maneras de mostrar la ciudad, que es el mundo en el que vivo—al menos a diario.
4
Siento que en nuestra sociedad padecemos de una sobredósis de simbolismo. O que la manía interpretativa es justo eso, una manía, una preocupación excesiva por encontrar sentido a las cosas más allá de lo que las cosas son. Las teorías conspirativas nacen de esta manía. La ocultación de los hechos o de las cosas o de las situaciones, por la razón que sea, conduce a que nos dediquemos de manera incesante, y al parecer incansable, a develarlos. Este afán develador ve en todo un secreto, una conspiración, algo que debe ser interpretado de otra forma. No sé si esto es una forma de la locura o de la superstición, pero casi que convendría más escribir grimorios y textos alquímicos, que precisamente se nutren del movimiento entre la ocultación y la develeación.
Pienso que el arte tiene como función principal mostrar el mundo. Lo que se muestra, y cómo se muestra, puede tener un efecto político, moral, o puramente estético. El efecto será una combinación de lo intelectual y lo emocional, eso está claro. Después puede haber otros efectos secundarios, que siempre serán secundarios.
5
Me vienen ahora a la mente los cuadros que pintó Manet acerca del fusilamiento de Maximiliano, emperador de México impuesto a la fuerza por Napoleón III de Francia. Manet no fue testigo del fusilamiento, pero sí de los efectos del imperialismo francés en su propio país. Los cuadros del fusilamiento no se mostraron en su momento, o se mostraron poco. Era un tema delicado para la censura que el régimen imperial francés imponía. Siempre, creciendo en México, tuve alguna versión de estos cuadros en la cabeza al pensar en Maximiliano. El arte mostraba un hecho del que no hubiera tenido imagen, excepto mental, de otra manera.
Manet es entendido como un innovador, el que abrió el camino para los impresionistas. Pero Manet, más que descubrir un camino nuevo, había vuelto a una vía muerta, la de Goya. El fusilamiento de Maximiliano parte de los fusilamientos del 2 de mayo, que no sé si Goya presenció pero sí que los pintó. Manet fue a Madrid y pasó allí unos meses, quejándose de la comida y estudiando a Goya y a Velázquez, para volver a París con lo que en Francia serían nuevas ideas pictóricas. No creo que Manet haya pensado que llegaba tarde. En Manet encuentro un tipo de realismo, al menos comparado con lo que se pintaba en Francia por esa época, que se aproxima a lo literal. Su Olimpia escandalizó precisamente porque se acercaba demasiado a la realidad de una prostituta. El título mitológico no ocultaba nada.
6
Lo literal se acerca también a formas de leer que son más actuales que las más entrenadas en la retórica de otras épocas, y sirve como antídoto para las retóricas del presente. En el futuro, es muy probable que se piense que lo que ahora nos parece literal les resulte a los lectores y espectadores de entonces como demasiado retórico. O no lo suficiente. En realidad no importa. Creo que es una manera de acercarse al presente tomándonoslo como lo que ese presente dice ser. Como siempre estamos en el presente, el decir del presente es infinito, por lo que no hay manera de llegar a ello ni demasiado pronto ni demasiado tarde, excepto por nostalgia del pasado o de un futuro que no nos tocará ver—autos voladores y esas cosas.
7
En los libros de la Biblioteca Popular Ambulante, los objetos y papeles encontrados en la calle entran tal y como los encontré. Ni siquiera les quito la tierra ni la mugre. Los títulos intentan ser literales, o sea, sin metáforas ni juegos lingüísticos. Ahora estoy haciendo libros con fotos encontradas. Hay uno, por ejemplo, titulado Los bañistas, y no contiene otra cosa que fotos de gente bañándose en el mar, en lagos y ríos, en piscinas. Los jinetes contiene fotos de gente montando a caballo, en burros y en mulas, nada más. Yo no busco las fotos; las fotos vienen a mí de la realidad, son las que la gente tira y encuentro por la calle. Una vez que tengo varias fotos con tema similar, uso ese tema como título y las agrupo en un libro.
Si hay un acto poético en esto es el de contradecir el exceso retórico e interpretativo al que nos vemos constantemente sometidos en las batallas políticas cuyo fin es imponer su interpretación de la realidad. La interpretación impuesta coarta la libertad del individuo para idear su propia lectura y su propia interpretación. Los críticos de arte están e vías de extinción, si es que queda alguno; ahora hay curadores que no cejan en su afán de imponernos su interpretación de las obras, haciendo todo lo que quede en sus manos para impedir que veamos lo que estamos viendo sin antes haber pasado por caja y pagado por la interpretación prefabricada.
No sé si existe la mirada inocente. Yo no la tengo, pero puedo intentar reproducirla en todo lo que hago. Una curadora me dijo una vez que los libros de la BiPA le parecían “tiernos”. Yo entendí “inocentes”, y me sentí muy halagado.
NOTICIAS
Los poemas están en Paseante Extranjero. Hay uno nuevo, echen un vistazo. Tengo varios más en ciernes, y si se suscriben, que es gratis, les llegarán a su casilla de correo cuando los cuelgue.
Si quieren echar una mano a la Niusléter, a Paseante Extranjero, a BAIPEX y todas las demás actividades literarias de la Biblioteca Popular Ambulante, siempre pueden comprar un ejemplar de la REVISTA, o suscribirse a la BiPA por Mercado Libre. Todo ayuda.
El otro día, en El Gato Negro, estaba escribiendo en mi cuaderno cuando llegó la camarera a tomarme la orden—un té común—y me dijo que le gustaba mi letra, “muy estética” dijo. Me quedé un poco desconcertado, ya que no tengo buena letra, y menos cuando escribo con bolígrafo, como estaba haciendo en ese momento.


Gracias a mi "dislexia creativa" leí: el gato negro estaba escribiendo en mi cuaderno. Podrás imaginarte mi sorpresa. ¿Cómo estás? ¿Cómo va tu vida?
Acá cerca hay una carnicería que decora sus tienda con cortinas de ese papel metalizado, esas típicas de cumpleaños. El cartel es negro y amarillo. Las tiras doradas y globos amarillos. Una estética muy ¿Kitsch? Quien sea que haya tomado la decisión, no sé detuvo a pensar mucho o le chupó un huevo si era "poco campechano" para una carnicería, si era "muy farolero", era su deseo o anhelo o el diferencial que sintió con el que destacaría. Es rarísimo, las guirnaldas y globos de celebración de la vida en un lugar de muerte, en definitiva. Y es un poco eso lo que hay que hacer al final del día, poner la vida por encima de la muerte. Seguramente el/la dueño/a fue feliz y sintió que la rompió con la deco sin ningún tipo de prejuicio o preconcepto, la carnicería definitivamente se llenó de gente, algunos sacamos fotos y los niños se divirtieron con los globos. Tal vez de eso se trata la vida y el arte o siempre lo entendí así, cruzar la carnicería con el cotillón y darle alegría a una fotógrafa amateur, al cliente, a los niños, al del cotillón que se hizo unos mangos y darle color a un cartel negro.