Nota al pie
Niusléter #302
1
Para empezar: cómo llegué al cuento de Dublineses del que sale la niusléter de esta semana. Hará algo más de un mes, le pedí a mi hermana que se suscribiera a The New York Review of Books. Ella recibiría la revista de papel, yo podría entrar a la página web y al archivo. En el primer número al que tengo acceso viene un artículo sobre Guy Davenport, escritor, crítico, estudioso de los grandes modernistas, especialmente Pound y luego Eliot y Joyce. Tengo una imagen en la cabeza de estar sentado en una plaza de Compostela leyendo una fotocopia de un artículo de Davenport antes de ir a un ensayo de la primera obra que monté en España. Después nada, hasta ahora. Tras leer el artículo del NYRB, me bajé un libro de sus ensayos. La erudición tranquila, como si nada, es impresionante. En uno habla de un libro de Hugh Kenner acerca de la época de Pound. Y es en ese libro en el que se habla de “Eveline”, un cuento de Dublineses, que me trae hasta aquí.
Ahora bien, Eliot y Joyce siempre me interesaron, Pound menos. Pero ahora le estoy prestando más atención por la atención que él le prestó a Dante, al que estoy leyendo con intensidad en las últimas semanas. Eso significa que, además de leer a Dante directamente, estoy leyendo a su alrededor, el siglo XII, el XIII, Giotto, las guerras entre güelfos y gibelinos, los análisis de Auerbach. Estos últimos me traen a Pasolini, también, pero esa es otra historia.
2
En una nota al pie de mi edición de Dublineses, el libro de cuentos de James Joyce, encontré que a principios del siglo XX decir que alguien se iba, o se había ido, a Buenos Aires, significaba que se estaba dedicando a la prostitución. Nunca había oído esto. Y no aclara si eso se decía en Irlanda o en Inglaterra o dónde. Ni por qué.
Siempre me ha hecho gracia que los comentaristas de Joyce sean tan aficionados a encontrar referencias sexuales en todos sus textos. Vendrá, me imagino, de las cartas pornográficas que le escribía a su mujer; o quizá del final del Ulíses, el capítulo dedicado a Molly Bloom. (¿No hubo una obra de teatro dedicada a ese capítulo en los últimos meses? Presto poca o ninguna atención a la cartelera, pero me dijeron que estaba bien.) En el caso de “Eveline”, el editor te hace saber que por la época en que se publicó (1904) circulaba una novela pornográfica con el mismo título, y cuyo personaje principal, una especialista en chuparla, tenía el mismo nombre. Al parecer, la novela era bastante fuerte y contenía escenas de incesto y todo. Igual que ahora, si uno echa un vistazo al porno actual.
3
Lo de que el viaje a Buenos Aires significara dedicarse a la prostitución aparece también en la página que la Wikipedia le dedica a la Zwi Migdal, la organización mafiosa judía que por esos años se dedicaba a la trata de mujeres y tenía una gran red que se extendía por muchas de las grandes ciudades portuarias del mundo: Nueva York, Londres, Shanghai.
El mito es que agentes de la Zwi Migdal aparecían por las aldeas judías de Polonia y Rusia, y prometían de todo, incluso el matrimonio, a las mujeres jóvenes. Casi siempre era un empleo como criada en una casa rica. Dadas las condiciones económicas tan duras en esas aldeas, y dada la permanente amenaza de los pogromos, los padres las dejaban ir. Pero esta no es sólo una historia de víctimas. Al parecer unas cuantas de esas mujeres ya se dedicaban a la prostitución, y se decía que el viaje a Buenos Aires era para eso.
La Zwi Migdal fue destruida en los años 30, pero no tanto por acción de las autoridades, sino por los medios de comunicación… y por el antisemitismo que imperaba en la época, más que nada por el prestigio que los nazis tenían por estas costas.
4
Los siete locos, de Roberto Arlt trata de una organización que, para hacer la revolución, o financiarla, se dedica precisamente a la trata. Y el jefe de esta operación, el Rufián Melancólico, es uno de los personajes arquetípicos de Arlt, supuestamente basado en el jefe de la Migdal. Existe el rumor de que Arlt se entrevistaba con dicho jefe en Las Violetas (Medrano y Rivadavia), pero también hay quien lo desmiente, alegando que ese jefe murió en 1912, cuando Arlt tenía 10 años.
La zona roja estaba por Viamonte y Carlos Pellegrini en la primera parte del siglo. Y esa zona más o menos desapareció con la construcción de la Avenida 9 de Julio. También he oído que el antiguo barrio chino estaba en La Boca, por la zona de Catalinas, y que más o menos donde está hoy Hospital Argerich (donde estuve internado), había un fumadero de opio llamado “El loto azul”.
(“El loto azul” parece un título de Tintín, ¿no? Tintín en la Patagonia, o algo así, y en la portada, Tintín vestido de Gaucho, Milú ladrándole a un mafioso urbano que aparece con una pistola en una mano y una chica medio desmayada en el otro brazo; y claro, Hernández y Fernandez montados en un mismo caballo que huye desbocado y coceando.) (No sé, sigan añadiendo lugares comunes como los prefieran.)
5
El cuento de Joyce, “Eveline”, va sobre una chica con ese nombre, que con 19 años está pensando en escaparse con un marinero de Dublín a Buenos Aires. Al final se queda en el puerto de Dublín, cuando él le insiste que lo siga a Liverpool y luego al otro lado del mundo. El cuento encaja bien con uno de los temas principales de Dublineses, la parálisis irlandesa, que Joyce atribuía al catolicismo, al nacionalismo irlandés, al peso colonial de Inglaterra.
Yo siento esa especie de parálisis, a veces, en Buenos Aires, que no sé si es lo mismo que decir que en Argentina. Como que no terminamos de decidirnos adonde queremos ir como país. (La Ciudad, ya se sabe, quiere ser toda como Recoleta, o sea, una ciudad de viejos.) Ningún partido político tiene o se atreve a presentar un plan para el país, y siempre parece que estamos en la bici de gimnasio, pedaleando un montón, mirando por la ventana al tráfico de la tarde.
El milagro irlandés parte de un solo cambio: la reducción de impuestos a las sociedades, por la cual muchas empresas multinacionales establecieron ahí su base europea. Esto incrementó fabulosamente el PIB, pero benefició en poco al irlandés medio; tampoco es que haya generado muchos empleos de calidad. Y tienen una crisis de vivienda similar a la de muchos otros países.
6
Para mí, todo vuelve a Buenos Aires. Quiero decir, todas mis lecturas vuelven a esta ciudad. Por un lado está claro que estoy leyendo desde aquí, aunque también haya tenido bastante experiencia leyendo desde otras ciudades del mundo. Leo a Dante desde aquí, a Pound, a Joyce. No he tenido un punto fijo desde el que leer. Siento que Joyce puede leer cualquier cosa y siempre lo hará desde Dublín, aunque no haya vivido ahí durante décadas. O Pound desde sus ciudades de Italia, su cultura mediterránea pasada por el filtro de educación norteamericana.
Buenos Aires me aporta algo así como un punto fijo para la lectura. Como si desde aquí pudiera leer la literatura mundial y pensarla y aplicarla. Buenos Aires como puerto abierto al mundo—que también es lo que lo hace un centro para la prostitución, las drogas y el tango, música de prostíbulo, de mezcla que se fue mezclando gracias a marineros de todo el mundo.
A lo mejor la parálisis que digo sentir viene de que Buenos Aires, como ciudad, ha dado la espalda al puerto y al Río de la Plata, y al mar, mientras que el interior del país pide más atención y presupuesto. Puede que la identidad de Argentina esté en el interior, y mirando hacia adentro, pero la identidad de Buenos Aires está en el puerto y mirando hacia afuera.
7
Somos un poco pueblerinos, los porteños (y con 18 años de vida aquí, ¿qué otra cosa voy a ser, sino porteño, o sea ya de este puerto?) admiramos otras ciudades, Nueva York, Miami, Barcelona–todas, a su vez, puertos también. Envidiamos su riqueza y su consumo, imitamos sus modas, queremos aburrirnos con las mismas tonterías con las que se aburren ellos. Pero también tenemos más librerías per cápita que cualquier otra ciudad del mundo, con lo que seguimos siendo una ciudad de lectores. (El otro día vi a un joven leyendo Adán Buenosaires en el subte.) ¿Y desde dónde vamos a leer si no es desde aquí?
Y porque somos un puerto, lo que hay que leer es la literatura del resto del mundo. La geografía es la conexión. Pero hay que leer desde aquí, lo que también implica escribir desde aquí.
NOTICIAS
Los poemas están en Paseante Extranjero. Hace cuatro meses que no escribo poemas, ahora estoy con un proyecto que no sé adónde va, pero para el que esta niusléter podría ser una nota al pie.
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Un truco para escribir desde aquí es hacerlo como si todo el mundo conociera la ciudad. El que no la conozca tiene la opción de venir, o de averiguar por internet. Y si no, que se jodan. Esa actitud.

