Relativismo
Niusléter #312
1
Esta es la niusléter de la Biblioteca Popular Ambulante (BiPA). No siempre menciono la BiPA en las niusléters, pero es el contexto, la circunstancia de cada una de ellas. Sin la BiPA no hay Niusléter. Las primeras niusléters son de 2016, cuando me pareció que valía la pena hacer un boletín informativo en el contexto de la muestra Casa Tomada, que tuvo lugar en la Casa del Bicentenario. Esas informaciones pronto se convirtieron en comentarios. Salieron unas treinta de estas cartas parroquiales por esa época, luego cambió el mundo, o al menos el mío, y dejé de escribirlas. En 2020, cuando todo el mundo estaba aburrido y haciendo cosas que no haría normalmente, yo no me aburrí. Sin embargo, tuve la idea de retomar las niusléters por ver qué pasaba.
Lo primero que pasó es que me di cuenta de que había olvidado cómo se escribe en prosa. Tuve que reaprender. La Niusléter, con la obligación de sacar una cada viernes a las 11:15, hora de Buenos Aires, era el vehículo ideal para aprender. Desde entonces, no he fallado un solo viernes. La idea es seguir haciendo niusléters hasta que no pueda hacerlas más. Hasta que el cuerpo aguante, como dicen los juerguistas.
El tono de las niusléters es serio pero con un leve tinte de humor, serio pero que no se toma a sí demasiado en serio. Importa evitar el moralismo, por mucho que la cultura actual tienda al moralismo, lo prefiera, lo aprecie. Apreciar significa subir el precio. Tarde o temprano el moralismo sale caro. Tanto que uno se queda sin dinero y tiene que comerse las palabras pronunciadas o publicadas anteriormente. La BiPA es su propio sistema digestivo.
2
Esta semana caminé por el centro de San Martín o por Villa Devoto, donde hay un café que me gusta. Me gusta sentarme en la terraza de ese café normalmente a leer, levantando la vista de vez en cuando para mirar a la gente que pasa. Caminando por Devoto y luego por San Martín, pensaba en esa gente, la que me rodeaba, casi toda de clase media. Alta o baja, pero clase media. Pensé: la clase media está en vías de extinción. Está pasando en todas partes, no sólo aquí. Luego pensé: con la desaparición de la clase media se irán sus ideas, su sistema moral, su cultura, sus instituciones. El arte, tal y como lo conocemos, pertenece a esa cultura, a esas instituciones. El arte también desaparecerá.
Más tarde, ya en el taller, cuando estaba pegando fotos en uno de los nuevos fotolibros de la BiPA, pensé que la BiPA podría ser un buen sitio para estudiar esa extinción, la de la clase media. Igual creo que el proceso de extinción durará más que yo, pero bueno, mientras dure, y mientras yo dure y dure la BiPA, ¿por qué no estudiarlo?
3
Una cosa que siempre me ha importado en todo lo que hago es el realismo. Que el poema o el libro o la instalación o lo que sea sea realista. Cervantes, en el Quijote utiliza repetidas veces la palabra verosímil, que parezca verdadero. Para mí, más que parecerlo, tiene que serlo. Por ejemplo, si en la BiPA hiciera El libro de las sillas encontradas en la calle, en las hojas tendría que pegar sillas de verdad, no imágenes de sillas, dibujos, fotos, palabras, no representaciones de cualquier tipo sino la cosa en sí.
Pero esto no se puede tomar completamente en serio. Ahí entra en acción ese tinte de humor. Por ejemplo en El libro de los bebés encontrados en la calle no hay un solo bebé verdadero pegado en las hojas del libro. Son todo fotos, dibujos en envoltorios de artículos que los padres y madres de los bebés compran y que los bebés, aunque no sea de forma explícitamente voluntaria (ni siquiera en términos neoliberales), consumen. Pañales, toallitas húmedas, mejunjes comestibles, etcétera. Y muchas fotos. A la gente, desde que existe la fotografía, le gusta fotografiar a sus bebés. Desconozco la razón. A lo mejor es una forma de frenar el tiempo, antes de que dicho bebé se convierta en algo insoportable, un adolescente por ejemplo.
4
En los poemas también me importa el realismo. Tengo como regla general no decir nada que no sea verdad. O por lo menos no mentir. Esa falsedad en documento, en mi humilde opinión, derrota al poema antes de que el poema se encuentre con el lector. Se puede explorar el lenguaje, jugar con él, pero siempre con la intención de decir la verdad. Y en una época como la actual, en la que la verdad ha perdido su prestigio social, principalmente porque no sirve para ganar dinero ni para ligar más ni mejor, el poema tiene la obligación de apuntar a la verdad. Uno debe escribir en el poema la verdad como uno la ve, es la única opción. La ficción es para la prosa.
El realismo, sin embargo, o el verdaderismo, no pueden ser la excusa para el moralismo. ¿Si la verdad ha perdido su prestigio, por qué voy a imponer mi verdad sobre la tuya? Si vamos a ser relativistas en cuanto a la verdad, ¿cómo es lícito abandonar el relativismo cuando no nos conviene, o cuando no nos gusta lo que vemos?
5
La clase media siempre impuso su verdad, y su moral. Las clases medias inglesa y francesa decapitaron a sus reyes para demostrar que iban en serio. Creo que la clase media rusa sólo fusiló al suyo, bueno pero con toda la familia. El relativismo que empezó a cobrar fuerza a fines del siglo pasado fue el primer signo del declive de la clase media, que vio que sus verdades y su moral no se podían aplicar sin violencia a las gentes de otras partes del mundo y que eso resultaba repugnante. Los principales agentes del imperialismo del siglo XIX, que es el imperialismo del que estamos hablando cuando hablamos de imperialismo, fueron personas de clase media.
La cultura digital es una subcultura de la clase media. Sus tropos son burocráticos y su lenguaje es aspiracional. Desde la creación de la computadora personal hasta la última app, esa aspiración queda clara. Aunque no son lo mismo. La computadora aspiraba a una suerte de igualdad, la app aspira a una suerte de distinción. La computadora personal quería sacar la computadora de las instituciones, las universidades, los gobiernos y las grandes empresas, y poner ese medio de producción en manos del pueblo, las masas, todo el mundo. La app es aspiracional en el sentido de que regala lo que no importa, o sea la app misma, para vender la información que la app genera por medio de sus usuarios—la idea es que el creador de la app se haga rico traicionando a la que a primera vista sería su clientela.
6
(Estoy en el IF escribiendo esto, con el portón abierto, y recién entró un colibrí. Revoloteó unos instantes, vio que no había nada de interés y volvió a salir.) (SI fuera supersticioso, diría que esto me traerá buena suerte. Se supone que ver un colibrí o una libélula traen buena suerte.) Cuando estaba en el hospital, el médico encargado de mi caso venía cada dos días con su séquito de residentes. Me examinaba y luego les explicaba cosas. O les preguntaba y el séquito respondía. Me di cuenta de que eran ocho mujeres y dos hombres, los componentes del séquito. Pensé: esto es que la medicina se está yendo al carajo. No porque las mujeres no la puedan practicar, sí porque los hombres son los primeros en abandonar una profesión que está perdiendo prestigio social o capacidad económica. La medicina ha sido uno de los baluartes profesionales de la clase media durante décadas, quizá siglos, pero claramente durante las décadas posteriores a la invención química e industrial de los antibióticos, que daban mayor verosimilitud a las palabras de los médicos.
En mi opinión, mi humilde opinión de usuario y cliente, la mayoría de los médicos serán reemplazados por inteligencias artificiales que sigan con mayor eficacia económica los mismos protocolos. Quedarán algunos súper médicos, los técnicos y personal de enfermería, o sea la aristocracia y la clase obrera, pero no la clase media. En el arte pasará lo mismo, quedarán algunos súper artistas y los técnicos.
7
Caminando por San Martín y luego por Devoto supe que, aunque este declive me afecta, no hay nada que yo pueda hacer para evitarlo. Sí que puedo hallar maneras de documentarlo por medio de la BiPA, pero nada más. ¿Qué otra cosa puede hacer un poeta? La poesía es elitista en el sentido en que la clase media reinventó el elitismo, renombrándolo meritocracia. La falsedad del mérito ha sido demostrada ampliamente en los últimos años, aunque igual uno espera que su médico y su electricista hayan hecho los méritos suficientes para estar donde están. Uno espera que las instituciones de la clase media sigan cumpliendo con el papel que se les asignó hace décadas, siglos en algunos casos. Uno espera igualmente que el poeta pueda decir las cosas de otra manera, y hasta decir cosas que no se han dicho. De todas maneras, el poeta carece de prestigio social porque carece de prestigio económico. El poeta suele ser un desclasado, o un empleado del Estado.
Yo opté por la primera opción. Siempre me pareció que para observar, y luego poder decir lo observado, lo mejor era situarse ligeramente afuera del círculo principal. Pertenezco a la clase media, con lo cual puedo mirar desde adentro y desde afuera al mismo tiempo. El adentro me permite descifrar lo que estoy mirando, el afuera me da la libertad de mirar más o menos de incógnito.
NOTICIAS
Los poemas están en Paseante Extranjero. Hay uno nuevo, echen un vistazo.
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No sé dónde ni cuándo, pero este año haré una muestra de los fotolibros de la BiPA. Ya avisaré con tiempo para que se aclaren cada uno con su agenda y puedan venir a verse retratados.

