Leyendo, pensaba que la basura también puede pensarse como una inversión histórica de lo legible. Hubo épocas y culturas en las que la ambigüedad no era un problema a resolver, sino un dato a conceptualizar.
Por ejemplo, en el mundo islámico clásico, donde existieron figuras como los "mukhannathun", que daban lugar a formas no estrictamente binarias de pensar el cuerpo y la identidad. No se trataba de categorías modernas, pero sí de una pluralidad conceptual que encontraba nombre, discusión y lugar.
En la Europa cristiana medieval, en cambio, predominaba una ontología mucho más ortodoxa y binaria. Hoy, sin embargo, pareciera que los roles se invirtieron: esas conceptualizaciones del islam aparecen como basura o atraso, mientras que occidente se presenta a sí mismo como el espacio natural de la pluralidad. Y bueno, incluso dentro del propio islam ciertos procesos de radicalización terminaron por descartar como basura esas formas.
Más que un progreso lineal, lo que veo ahí es algo cercano a lo que describís: un cambio producido por un régimen de sensibilidades que decide qué se archiva, qué se nombra y qué se descarta como basura.
No tenía idea de esas figuras del islam clásico que mencionas. Investigaré. Pero sí, creo que son esas sensibilidades cambiantes las que van haciendo legible o ilegible una cosa. Algo así es lo que dice Auerbach en cuanto al realismo, o lo que parece verosimil a un público lector en cada momento. Es un problema técnico que por épocas se eleva a problema moral.
Terminé de leer por primera vez El guardián entre el centeno, en una edición de bolsillo con una traducción españolísima, de España y pero también de México, que creo son más españoles que los porteños. El tono de todo el libro era muy cómico, pero parecía que debido a la traducción era más gracioso de lo que debía ser originalmente. Durante toda la lectura no podía evitar escuchar la voz de Roger, como si el humor estuviera pegado a la cadencia de sus acentos.
¡Es lo que me faltaba! Ser la voz de Salinger en traducción. La voz que dobla a Salinger. (Una vez, en Valencia, estaba la tele encendida en la otra habitación, y me pareció que estaban dando una peli con Paul Newman. Fui a ver y resulta que no, que sólo era la misma voz que doblaba a Newman doblando esta vez a otro actor.)
Leyendo, pensaba que la basura también puede pensarse como una inversión histórica de lo legible. Hubo épocas y culturas en las que la ambigüedad no era un problema a resolver, sino un dato a conceptualizar.
Por ejemplo, en el mundo islámico clásico, donde existieron figuras como los "mukhannathun", que daban lugar a formas no estrictamente binarias de pensar el cuerpo y la identidad. No se trataba de categorías modernas, pero sí de una pluralidad conceptual que encontraba nombre, discusión y lugar.
En la Europa cristiana medieval, en cambio, predominaba una ontología mucho más ortodoxa y binaria. Hoy, sin embargo, pareciera que los roles se invirtieron: esas conceptualizaciones del islam aparecen como basura o atraso, mientras que occidente se presenta a sí mismo como el espacio natural de la pluralidad. Y bueno, incluso dentro del propio islam ciertos procesos de radicalización terminaron por descartar como basura esas formas.
Más que un progreso lineal, lo que veo ahí es algo cercano a lo que describís: un cambio producido por un régimen de sensibilidades que decide qué se archiva, qué se nombra y qué se descarta como basura.
Nada, me pareció piola.
No tenía idea de esas figuras del islam clásico que mencionas. Investigaré. Pero sí, creo que son esas sensibilidades cambiantes las que van haciendo legible o ilegible una cosa. Algo así es lo que dice Auerbach en cuanto al realismo, o lo que parece verosimil a un público lector en cada momento. Es un problema técnico que por épocas se eleva a problema moral.
Terminé de leer por primera vez El guardián entre el centeno, en una edición de bolsillo con una traducción españolísima, de España y pero también de México, que creo son más españoles que los porteños. El tono de todo el libro era muy cómico, pero parecía que debido a la traducción era más gracioso de lo que debía ser originalmente. Durante toda la lectura no podía evitar escuchar la voz de Roger, como si el humor estuviera pegado a la cadencia de sus acentos.
¡Es lo que me faltaba! Ser la voz de Salinger en traducción. La voz que dobla a Salinger. (Una vez, en Valencia, estaba la tele encendida en la otra habitación, y me pareció que estaban dando una peli con Paul Newman. Fui a ver y resulta que no, que sólo era la misma voz que doblaba a Newman doblando esta vez a otro actor.)